El gobierno de Joe Biden ha mostrado la intención de cambiar algunas políticas relacionadas con la energía y la explotación del petróleo. Estas medidas forman parte de la agenda del mandatario norteamericano para disminuir la emisión de gases CO2 (gases de efecto invernadero) y, de esta manera, luchar contra el cambio climático.

Sin embargo, según expertos, dicha agenda podría tener efectos negativos para la economía de EE. UU a largo plazo y aumentaría la dependencia en las importaciones.

Recientemente, Biden anunció un conjunto de órdenes ejecutivas para congelar nuevos arrendamientos de petróleo o gas natural y perforaciones en los territorios federales. Además, canceló el permiso en el oleoducto Keytone XL. No obstante, pese a que las organizaciones medioambientales celebran estas decisiones, los efectos negativos podrían ser mucho más grandes.

Para Paul Bommer, profesor principal de Ingeniería de Petróleo y Geosistemas de la Universidad de Texas “también (disminuirá) los ingresos de los gobiernos federales y estatal en forma de impuestos y regalías”. Además, indicó que las fuentes de empleos también serán afectadas, lo que representa un problema en el futuro.

Por otra parte, para el presidente de la CO2 Coalition, Patrick Moore, “la  pérdida de petróleo y gas fracturados de tierras públicas significará dependencia de más importaciones”. Asimismo, señaló que actualmente “no hay nada en la tubería para compensar una gran disminución en la producción del petróleo y gas”.

Por último, según datos ofrecidos por Linda Caputo, administradora de la EIA, durante el 2020 Estados Unidos exportó más petróleo crudo que lo que importó, algo que nunca había ocurrido. Sin embargo, las medidas implementadas por la administración de Joe Biden representan, para muchos expertos, un obstáculo en el aumento de la producción.